Venezuela, 9 de Enero de 2015
Con la edad de cristo a cuesta, soy arquitecto de dos vidas, a la vez soy
hijo de pancha, marinovioesposo de la flaca, hermano y amigo. Soy Venezolano
orgullosisimo de serlo, en toda la extensión de la palabra, VENEZOLANO.
Soy de esos que juegan chapita, pelotica de goma, fanático de la arepa y el béisbol
de mi país, aprendí a tocar mi amado cuatrico después de viejo, pero aprendí
jajaja, la polifacética hayaca, la parranda, mi playa, mi río, mi sabana,
llano y montaña. Amo mi tierra, quiero mi país, como se lo aman y quieren
millones de paisanos.
Podría jurar, sin miedo a pecar, que la inmensa mayoría de los Venezolanos
soñamos con el mismo porvenir, rezamos por los mismos sueños, miramos al mismo
horizonte, trabajamos para un mismo futuro, yo se que todos imploramos y
luchamos por el bien y la felicidad de nuestros hijos, la tranquilidad de
nuestros viejos y la oportunidad de crecer y prosperar como individuos de bien
y para el bien de nuestra país.
Tristemente mis hermanos en algún punto del camino, en alguna parte del
sueño, no se en que momento dejamos de ver unidos el mañana bonito y nos
pusimos estos lentes con cristales fundidos en odio, rabia, fanatismo político
e irracionalidad entre compatriotas, entre misma sangre, entre mismo
pueblo, perdimos el rumbo, se nos fue el mañana, quedamos ciegos de odio y
temor. Nos transformamos en enemigos de nuestro hermano y llegamos a odiar
aquello que amamos. Destruimos la base, no hay patria sin unidad. Siendo todos
necesarios, hemos fragmento la unidad social indispensable para el progreso. Culturizamos
el odio entre hermanos.
En los últimos años nuestra sociedad ha visto el crecimiento fugaz de la
violencia en todos los niveles, se puede ver odio en los discursos políticos
televisados hasta en la camionetita por puesto que va a la casa. Se puede
respirar la intolerancia y el irrespeto al prójimo. No podemos vivir así.
Es necesario eliminar de nuestros días, de nuestras noches, de nuestras
vidas este mal que nos destruye como sociedad y en consecuencia no nos permite
desarrollarnos como nación. Solo unidos realizaremos un mejor porvenir para
todos, un mañana de consenso, unidad y progreso. Es esta intolerancia absurda
es como arena movediza que nos atrapa y lleva al fondo de la perdición. Debemos
cambiar hermanos. Debemos ser mas grandes que gigantes de odio, es hora
paisanas y paisanos de volver a trabajar juntos por el país que queremos para
nuestros hijos y nietos, es tiempo de dejar el odio atrás y avanzar, comprender
que dividirnos es un error que se ha pagado muy caro, es el momento de aprender
del error y seguir el camino. Olvidémonos
las pequeñeces que nos separan y unámonos para la solución de los problemas que
nos aquejan a todos, sin distingo alguno, y retomemos la senda del país grandioso
que queremos. Dios los Bendiga
Este Blog es para todas y todos aquellos que anhelamos paz entre hermanos y
un mejor mañana
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